Hoy vengo aquí para comentar algo que lleva carcomiéndome por dentro desde hace semanas o algunos meses. No tiene ninguna finalidad cómica, no os confundáis.
Se trata sobre la parada de metro de Espanya, de la línea roja. Desde hace un par de meses (si no llevo mal la cuenta) ha empezado ha desprender un olor terrible. Hablamos de un tufo que ataca sin piedad alguna el olfato de cualquiera que se matenga cerca de las vías.
Es tal el hedor que incluso ha despertado en mí horribles sospechas. Quiero decir, ¿por qué de repente el olor de una parada desciende desde el mero mal olor hasta el mismísimo infierno olfativo? Creo que está claro que las posibilidades son dos.
La primera son las ratas. Cualquier habitante de Barcelona sabe que está aumentando el número de roedores en el metro (y en la jodida ciudad) de manera alarmante. Nunca me ha preocupado, porque siempre he considerado que hacerlo sería un acto de discriminación hacia las ratas: antes que preocuparme por su aumento debería (y lo hago) preocuparme por la inmensa cantida de ratas aladas (aka: palomas) que infestan mi ciudad.
Aprovecho aquí para hacer un inciso sobre las palomas. Cualquier ciudadano observador habrá notado que estas aves están cambiando de manera más que preocupante. Es una cuestión evolutiva digo yo. Hace siete años o así, una paloma salía automáticamente volando si te le acercabas. Ahora ya no, se te queda mirando como si te dijese ¿qué pasa? ¿Quieres pelea? Es un hecho. Y ahora vuelan muchísimo más cerca de nuestras cabezas. Lanzo aquí una trágica predicción:
- Las actuales palomas están volando más cerca de nuestra cabeza y muchos de nosotros (entre los que me incluyo) nos agazapamos cada vez que se acercan. Estas palomas aprenderán que, cuando vuelan hacia nosotros, lo que hacemos es movernos para cederles paso. Esta sabiduría palómica pasará de generación en generación y, dentro de unos diez años como mucho, las palomas tendrán interiorizada la idea de que si vuelan directas hacia nosotros no pasará nada, porque nosotros nos moveremos para cederles paso. El resultado será que tendremos palomas que volarán sin reparo hacian nuestros cuerpos, propiciándonos dolor y muerte si no las esquivamos. Ahí lo dejo, chicos.
Dejando de lado el tema de las palomas, volvamos con las ratas. El caso es el siguiente: el aumento de ratas, sobre todo en los niveles subterráneos de la ciudad, puede ser la causa del olor. Todos sabemos que un incremento en el número de ratas comporta consecuentemente un subidón en el número de ratas muertas. Y si las ratas no son ya de por sí animales especialmente perfumados, no hablaré de las ratas muertas. Puede que ésa sea la razón del hedor de Plaça Espanya: ratas y ratas muertas.
Sin embargo, el tufo es tal que me hace pensar o en un número altísimo de ratas muertas o en algo más grande. Hablamos de un animal o incluso un ser humano en estado de putrefacción. Vale, puede que sea poco probable. Pero, es que, joder, huele realmente como si hubiese un tipo muerto y medio podrido tirado cerca de las vías. ¿Qué si no? En serio, no os imagináis la gravedad del asunto, en términos olfativos.
Así que ya sabéis, aguzad el olfato al esperar el metro en esa parada (la de la línea roja) y descubrid por vosotros mismos la abrumadora verdad: algo está podrido en Plaça Espanya. Qué coño, algo está pudriéndose.
Como epílogo a este post, me es inevitable pensar en posibilidades más bizarras. Como que aquello que esté pudriéndose sea un canguro o una cebra. Va, intentad imaginar por qué hay una cebra pudriéndose en las vías del metro. ¿Qué bizarra historia ha tenido como final a ese pobre equino medio muerto en las vías del metro?
No sé, ahí lo dejo.
M.



