He vuelto. Ha pasado casi un año y he vuelto. Es cierto que había dejado el blog muerto, pero pensé que eso estaba mal. También pensé en contaros la asombrosa historia de cómo un simio especialmente malvado me robó la contraseña para impedir mi retorno. Pero la verdad es que soy muy perro y punto.
A continuación, en esta inesperada entrada, quería comentaros, por una parte, algunas cosillas de este blog que quizá no sepáis y, por otra, un delirio en el que he estado pensando.
Empecemos.
1. De mors
Hay varias razones por las que dejé el blog. La más básica es que me daba palo seguir adelante. Otra razón es que las ficciones se me van acabando (tengo varias más, pero la certidumbre de una muerte próxima me tira para atrás) y que las reseñas pierden sentido, dado que ya las escribo para una fantástica publicación, cuya lectura recomiendo. Así que quedan las digresiones y las reflexiones. Puede qué ésa tenga que ser la esencia de este blog. Y aunque haya llegado a la nada desdeñable cantidad de 14.000 visitas, siento que el blog agonizaba sin pena ni gloria.
Siempre quise revelaros un dato curioso: un gran número de personas ha llegado aquí buscando:
a) datos sobre Constantinopla
b) algo relacionado con los ninjas
c) cualquier información referente a las maldiciones gitanas
Alrededor de más de dos mil personas han llegado aquí con estos fines. Interesante. Tanto como el hecho de que más de cien individuos dieron con el blog buscando pastillas. What a wonderful world. No, en serio, son estas cosas las que me hacen sonreir.
Así que, ¿por qué volver? ¿Por el consabido placer onanista de llevar un blog? No creo, soy un experto en masturbar mi ego sin necesidad de que medie un blog, joder. Supongo que está bien para conseguir que según qué idioteces no caigan en el olvido.
Y aquí estoy. Supongo que apenas publicaré. Una cosa cada tanto. O no. Nunca se sabe. El caso es que, hoy por hoy, he vuelto.
2. De mori
Y pasamos a lo verdaderamente interesante.
Estaba pensando hace un ratito en el tema de la publicidad incidiendo en nuestras vidas. No hablo de las sobredosis de anuncios ni del spam. Hablo de todas esas campañas que pretenden generar geniales mutaciones en nuestra sociedad. Como cuando Doritos hizo que un día un huevo de peña bailase lentos alrededor del planetario de Bs.As., o cuando la cerveza Andes metió en las discotecas una máquina que servía para dar excusas a la novia mientras uno se iba de fiesta. Qué coño, H&S hizo que los hombres comenzasen a preocuparse por qué champú comprar.
Las marcas hacen que la sociedad mute, cambie. Que vuelvan los lentos, que los hombres quieran champú. Insólito.
Cada vez la cosa va en aumento, rozando los relatos distópicos que pretenden demonizar la publicidad (pobrecita, ella, no es que sea la reina del baile hoy en día). El caso es que a mí me parece genial, ver cómo las marcas deforman la realidad y crean un híbrido aberrante y precioso a la par.
Así que hoy la cosa va de esto: reflexionar sobre distintas maneras geniales en que las marcas podrían violar el mundo tal y como lo conocemos. No pretende ser humorístico, sino meramente digresivo (un pensar por pensar). Eso no quita que flirtee con el absurdo.
Vamós a ello:
- Una marca decide apropiarse de una hora, conseguir que la gente deje de decir, por ejemplo, las ocho de la tarde y, en su lugar, diga La hora Coca Cola. Con el tiempo, la gente acepta ese cambio e, incluso, en las situaciones oficiales se utiliza ese término: la reunión con los gerentes de la sucursal de Francia comenzará en el minuto treinta de la hora Coca Cola.
- Más impactante todavía. Google aprovecha el parecido de la letra G y el número seis para instar a sus seguidores que promuevan el cambio del término: a partir de ahora, ese número será denominado Google. La marca aprovecha sus muchimillones de dolares en este alocado objetivo, consiguiendo realmente que la gente haga lo que quieren. Se escuchan cosas como este bolso me costó treinta y Google euros o Apuesto todo al Google (el contexto es la ruleta, claramente).
- Magnum populariza el eslogan Mataría por un Magnum. La aprehensión del término es tal que en unos juzgados norteamericanos se declara inocente a un hombre que asesinó a otro alegando éste que lo hizo por un helado Magnum. Ese caso sienta las bases de un cambio en los procesos legales norteamericanos: el asesinato es lícito siempre que la causa haya sido un helado Magnum.
- Bajo los valores del éxito y el triunfo, Nike decide promover la idea de que sus zapatillas son las bambas de los campeones. Como campaña creativa, presenta a un candidato a presidente cuyo plan es dar más derecho a aquellos que tengan unas Nike, bajo la premisa de que son personas superiores. De una manera u otra, el candidato es elegido presidente. El asunto se va de madre y se genera una nikecracia, donde todo aquel que posee unas bambas Nike es tratado de manera muy diferente y superior a aquellos que no las tienen. Esto, además, va bien para la marca: el precio de las Nike sube terriblemente, dado que comportan un montón de beneficios. Se crea un tráfico de bambas. Vamos, la locura total.
Bueno, ya está por ahora, que se hace tarde.
En realidad me he oxidado un poco, pero podrían salir cosas muchísimo más alocadas e interesantes. Pensad al respecto.
Y eso es todo por hoy.
Con amor, desde Rusia,
M.


Es bueno volver a leerte, aunque haya pasado tanto tiempo. Me gusta la divagación sobre la publicidad.
Por lo demás, no te preocupes, es parte del ciclo natural de un blog sumirse en la inactividad, para volver en un % muy pobre de los casos.